martes, 14 de febrero de 2012

¿Hijos Con Necesidades Especiales = Madres Aprensivas?

Es una pregunta que me viene rondando prácticamente desde que mis hijos nacieron: ¿La prematurez, los problemas de salud y sus secuelas me hacen una madre más aprensiva de lo que hubiese sido sin estas variables involucradas en nuestras vidas?

Evidentemente, la respuesta es simple: no lo sé. No tengo otros hijos, nunca fui madre antes, así es que lo que tengo son sólo teorías.

Ahora, poniéndome a hipotetizar creo que la respuesta a la pregunta es compleja: por un lado, creo que soy más aprensiva de lo que hubiese sido con un hijo nacido de término y sin dificultades, y por otro, creo que soy mucho menos.

El papá de mis hijos siempre dijo que yo era una madre excesivamente aprensiva. Este reproche generalmente estaba relacionado con mi preocupación acerca de los sentimientos de mis hijos. Soy una mamá que quiere evitarles traumas emocionales y dolores espirituales que no son necesarios para crecer sanamente. Soy una madre "con las antenas paradas" ante cualquier gesto o expresión que me indique que algo está pasando en los corazones de mis niños. Me duele el rechazo, me duele que alguna vez algún niño los trate mal en el colegio, que los hagan sentir no queridos o  no queribles. Me preocupa profundamente que sientan abandono o la más mínima amenaza de él. Me ocupo de la autoestima de cada uno de mis niños, de repetirles mil veces cuánto valen y de intentar convencerlos de lo importante que es el hecho que sus corazones estén latiendo, no sólo para mí, sino para el mundo entero. Me importa que sepan que me siento orgullosa de ellos, que nunca sientan que valen menos que otro, y que sobretodo, tengan la experiencia temprana del amor incondicional.

Lo físico no me preocupa. Por supuesto que los atiendo cuando se enferman y me alarmo si sufren una caída importante. Evidentemente, los llevo al médico cuando lo considero necesario, pero creo que en esto soy muchísimo menos aprensiva que otras madres. Recuerdo que cuando daban sus primeros pasos se caían mucho y tenían sus rodillas llenas de raspones y hematomas. Tengo amigas que caminan agachadas con los brazos abiertos detrás de sus hijos que aprenden a caminar para amortiguar las caídas. Yo jamás hice algo así. Siempre creí que caerse es parte de crecer.

Si un hijo mío tiene fiebre, vómitos o algún síntoma de virus, jamás llamo al pediatra. Espero, observo, y si los síntomas persisten, voy directo a su consulta. Sé reconocer una deshidratación, un decaimineto excesivo o un síntoma preocupante. Y es que fueron tantas las enfermedades que se contagiaron (unas leves y otras graves) durante sus primeros años, que no me alarmo fácilmente. Confío mucho en mí. No le tengo miedo a la fiebre alta ni al malestar. Sí le temo un poco más a la dificultad respiratoria porque nunca he podido aprender a diferenciar una obstrucción respiratoria de un compromiso de las vías superiores.

Si se caen, mis hijos se paran y siguen jugando o haciendo lo que estaban haciendo. Nunca he corrido a recogerlos. Y si hubiese que operarlos de algo relativamente sencillo, reconozco que se me aprieta el corazón y el estómago, pero lo hago y no muero de miedo. Lamentablemente, nos han tocado ya varías cirugías.

En fin. Creo que la experiencia de los primeros meses y años con estos hijos míos me volvió una madre muy deseosa de intentar compensar el dolor emocional sufrido durante ese tiempo. Sin embargo, en materias netamente médicas creo que estoy curtida. Un hijo mío puede estar colgando de un árbol a tres metros del suelo y yo tan contenta de sólo saber que es capaz de trepar y que eso lo hace feliz.

Creo que el hecho de desentenderme de pequeñas heriditas físicas ha hecho de mis hijos unos niños más autónomos. Sin embargo, tal vez he pecado de exceso de preocupación por los otros dolores, los del alma, lo que los ha vuelto niños más sensibles que los demás.

Me gustaría ser más equilibrada, y lo intento. Sin embargo, nuestras historias marcan lo que hacemos y quiénes somos. Y la nuestra, nuestra historia, fue muy potente como para habernos dejado libres de huellas profundas que hasta el día de hoy se pueden ver en nuestras vidas cotidianas.

Evidentemente, todo lo que cuento es mi experiencia subjetiva... Y observando a otras madres, he visto de todo: algunas excesivamente aprensivas en todos los aspectos, otras muy poco, tal vez incluso preocupantemente poco... ¿Qué huella ha dejado en uds. la vivencia de la "maternidad especial"?





14 comentarios:

Anónimo dijo...

Y yo como estoy deacuerdo contigo...pues sí...soy tb una madre aprensiva y protectora de sentimientos, sobre todo...Herramientas para vivir feliz...eso me obsesiona y...no sé si lo estoy haciendo bien...y quiero hacerlo bien, para que ellos puedan afrontar y defender sus emociones y los ataques que, sin duda, recibirán...
Mis dos hijos son adoptados, y la adopción tiene zonas "de necesidades especiales"...Además mi hijo padece discapacidad auditiva grave...y hay que añadir más a esas "necesidades adoptivas"...sus necesidades especiales reales...
Hay que ser muy fuerte y a la vez muy blanda...y en algo hay que fallar...aprensivas?? Puede...
Mei

Rosa Fernandez dijo...

Buenísima la entrada y la estátua... te la he ccopiada para una entrada en mi blog que ya conoces ;)))) . Así me siento yo muchas veces, sobre todo cuando nos atacan como familia de pleno derecho.

Un beso muy fuerte

Chitin dijo...

Tras leer tu post veo que soy una madre escesivamente protectora, mi hijo afortunadamente no ha necesitado cuidados especiales, pero yo siempre estoy pendiente de él, de lo que necesita, de lo que siente, de lo que hace.
Quizá porque tanto a mí como a mi hermano, nos cuidaron y nos educaron así, siendo el centro de la casa.
Yo tuve una infancia absolutamente feliz y trato que la de mi hijo lo sea, esto no quiere decir consentirle todo y darle todos los caprichos, sino toda mi atención y mi tiempo, cuando no estoy trabajando, estoy con él.

Hope dijo...

Qué buena entrada Natalia. TOdavía es algo pronto para saber qué tipo de madre seré yo, si seré aprensiva con los dolores físicos, no lo sé, tal vez no demasiado. Con los del alma desde luego, desde el primer día intento que se sientan queridos por el simple hecho de haber nacido, amarlos incondicionalmente, que se sientan queridos incluso en medio de la rabieta más horrible. Yo he sufrido mucho dolor emocional y quiero que mis hijos no los sufran, al menos hacer todo lo posible por evitárselo... Si lo consiguo o repetiré patrones, eso todavía no lo sé....

MisMellis dijo...

A mi también me preocupa en exceso como se sienten y eso que apenas son unos bebés... pero supongo que es fruto de lo que yo arrastro, creo que durante el colegio me sentí un bicho raro, no tenía demasiados amigos y eso me marcó bastante, era muy desconfiada. Ahora me gustaría que mis hijos crecieran con una buena autoestima, siendo conscientes de sus valías y sus defectos.
En lo físico no me preocupo tanto, ellos han aprendido a andar sin que yo fuera detrás de ellos como una loca para amortiguar sus golpes, mis hijos se caen y se lenvantan y ni siquiera lloran, y si se enferman acudo al médico cuando la cosa me sobrepasa. Un abrazo.

De chupetes y babas dijo...

Huy, en mi caso, creo que soy menos aprensiva, no he caído en la sobreprotección... mi hija me dejó tan claro lo fuerte que es desde que nació, que la verdad, nunca la vi frágil ya en la incubadora la veía poderosa...

Y como tú, si se cae, no corro a levantarla, la animo a que lo haga solita, para mi es mejor ayudarla a que vea que puede levantarse sola que levantarla yo...

El tema emocional... como tú, lo trabajo más que el físico, sí que me preocupan las consecuencias de la separación que vivimos cuando nació, e intento compensar todo lo que puedo...

Pero en definitiva, no creo que sea más aprensiva, más bien al contrario...

Natalia dijo...

Me gusta despertar y encontrarme con 6 comentarios en la entrada que escribí antes de dormirme! Y todas los comentarios son tan diferentes!!!

Cada una habla desde su experiencia de vida y luego de lo que es como mamá... No podríamos evitarlo: nuestras historias nos han ido dando forma.

En mi post creo que olvidé agregar un "detallito" que se me pasó por la mente al leer el comentario de Chitin: tener trillizos, sin duda, también determina el nivel de preocupación o cuidados que cada hijo recibe. Es inevitable... Si hay varios "montruitos" corriendo por tu casa, te acostumbras a no poder estar pendiente de cada uno de ellos.

Albertina: me encanta lo que dices de tu hija... "ya en la incubadora la veía poderosa".

Espero que sigan apareciendo más madres con ganas de comentar... ¡Qué diferentes somos unas de otras!

anamaría dijo...

Hola Natalia!!! Yo nunca escribo comentarios pero esta vez "necesito" comentar tu entrada... Es que me sentí muy identificada!!! A mí no me preocupan tanto las enfermedades o pequeñas caídas, creo que tengo ese "sensor" que capta de inmediato las posibles enfermedades. Vicente tiene una discapacidad que lo hace un poco vulnerable en términos físicos, por lo que me da temor que salga solo a la calle (por ejemplo)...pero sé que eso alguna vez lo tendrá que hacer y para mí será también "un gran paso"...Lo que a mí más me importa y estoy muy pendiente (aprensiva???)es de su "sanidad emocional", la del corazón y del alma...esa de la que finalmente, a lo largo de la vida, dependerá en gran parte su fortaleza física también... me importa que se sienta acogido, amado, incluido, considerado. Porque sé que tiene duelos pendientes con su discapacidad, me ocupo siempre de que estemos "conectados". Me pregunto: es ser eso aprensiva??? O es sólo un componente más del carácter de una mamá de un niño con necesidades especiales??? Gracias por tu blog!!!

Natalia dijo...

Querida Anamaria: No sólo puedes comentar, sino que estoy feliz de que lo hayas hecho!!! Tus comentarios siempre serán un aporte... Así es que adelante!

Entiendo aprensivo como una preocupación excesiva, más allá de lo necesario para el sano desarrollo de un niño. Y así como lo entiendo, la aprensión supondría limitar de alguna manera al niño... Impedirle explorar, errar, sufrir, aprender, vivir...

Estar conectada emocionalmente con los hijos permanentemente es una maravillosa capacidad que no todas las mamás tienen. Y tú sí. Lo "no sano" es el temor derivado de las aprensiones.

En mi caso particular (que, por supuesto, es sólo un ejemplo) sé que es esperable que algún día algún niño pelee con mi hijo. Sé que es esperable que no siempre lo protejan o lo traten de manera especial. Sé que a veces los seres humanos nos sentimos poco tomados en cuenta dentro de un grupo... Y eso nos lleva a aprender que existen los demás, que no somos los únicos y que tenemos que buscar las herramientas para salir adelante con nuestras limitaciones y todo.

En eso creo que algunas madres exageramos. A mí me gustaría protegerlos de todas esas experiencias... Y debo usar mucho mi cabeza para detener mis impulsos cuando me dan ganas de salir como una leona a defenderlos. Sé que deben aprender a arreglárselas solitos, y sé que pueden hacerlo.

Vicente también puede ;-)

Un gran abrazo!

Chiquita adorada dijo...

Yo también soy mamá adoptiva. La verdad es que soy muy poco aprensiva. Desde que mi hija llegó he tratado de que ella, mi familia y todo nuestro entorno manejen el tema de la adopción con toda naturalidad y apertura. Así que ella está acostumbrada a oírme hablar de su adopción y ahora incluso es ella la que a veces lo cuenta. Mi nena tiene serias dificultades de aprendizaje y bastante atraso en el lenguaje, pero más allá de apoyarla con terapia y trabajo en casa, dejo que ella se las arregle sola, y se maneja bastante bien, cuando alguien no le entiende lo que habla lo explica o lo hace con mímica!!

Hablamos mucho de sus cosas, de lo que siente, de su adopción. Dado que el cole le cuesta tanto trabajo, buscamos actividades en las que destaque para compensar, por ejemplo empezó a hacer ballet, y es muy buena con el baile. En mi opinión lo más importante es darles herramientas que fortalezcan su autoestima, que les ayuden a afrontar cualquier situación que se derive de sus "necesidades especiales", cualesquiera que éstas sean.

Loreto dijo...

Natalia, mil gracias por tu post!! me siento muuuy identificada!! Mi Camilo ya tiene 2 años y, al igual que tú, los temas físicos son mucho más fáciles de manejar para mí, confío en él e intento transmitirle esa confianza. Sin embargo, he podido reconocerme como una mamá con instinto "sobreprotector emocional" que lucha diariamente por no salir corriendo a evitarle dolor y esa dinámica está íntimamente relacionada con nuestra experiencia de prematurez... el temor de que se sintiera "abandonado" todo el tiempo que estuvo en la incubadora, aunque desde el primer momento me mostró que es un valiente y poderoso luchador, la pena de tener que dejarlo solo tantas noches en sus primeros días de vida, el dolor de que sus primeras experiencias no estuvieran llenas del amor, la calidez y el "no dolor" que soñé para él, aún me parte el alma y es algo que creo no me dejará de doler jamás... trabajo todos los días porque esa experiencia no determine su actual relación con el mundo, pero tampoco quiero olvidarla, porque me recuerda a diario que él es inmensamente fuerte y valiente, y que todos los pronósticos son sólo eso, pronósticos.
Un abrazo!!!

Anónimo dijo...

Hola Natalia! Yo soy muuuy aprensiva y estoy logrando que mis hijos tambien lo sean, les hago daño, me engancho mucho con sus "pequeños ptoblemas" o sus berrinches por simplezas, mi hija tiene una muy poca tolerancia a la frustración hoy porque me ha visto siempre y para ella soy su punto de referencia. Mi niña tiene 6, mi niño 4 y mi bb 10 meses, me duele y me preocupa enormemente continuar siendo asi y dañarlos. Ojala existiera un curso o algo que pudiera ayudarnos a no ser asi y poder trabajar en ello.

Anónimo dijo...

Hola! recien hoy encuentro este sitio y me toca muy de cerca. Sé que me acusan de sobreprotectora y he tenido razones para volverme así con mi hijo menor que ahora es adolescente y de niño tuvo epilepsia y aun acarrea con algunas dificultades de aprendizaje. Hace un mes fue con unos chicos a un camping donde por una imprudencia ocurrió un accidente y mi hijo se fracturó en la frente. Los chicos no nos avisaron,lo llevaron a escondidas a un centro de salud donde no le hicieron nada y luego lo trajeron a casa contando a medias lo que pasó. Lo llevé a la clinica sangrando y vomitando donde me confirmaron la fractura. Los chicos no aparecieron más. Luego dijeron que tenían miedo de que mi esposo los retara. Me enojé mucho por la manera en que se manejaron los tres supuestos "amigos"y se los hice saber. Luego tuve que recibir críticas de que exageré, que los jóvenes son así. No sé, parece que además de ser sobre protectora tambien me he equivocado en esperar o pretender actitudes con valores como los que le enseñé a mis hijos.

Anónimo dijo...

Hola buenas tardes,soy madre,de una niña,con trastorno generalizado,del desarrollo,y pienso,quen es normal,que nos volvamos aprensivas,porque es muy duro,yo he tenido,que prescindir,de mucha ayuda,y no es facil,la verdad,es muy duro.